7.10.09

Los dos poetas


Dos poetas se disputaban la Manzana de la Discordia y el Hueso de la Disputa, porque ambos estaban muy hambrientos.

- Hijos míos -dijo Apolo-, repartiré los premios entre ustedes. Tú -dijo al Primer Poeta- sobresales en Arte: toma la Manzana. Y tú -dijo al Segundo Poeta-, en imaginacón: toma el Hueso.

- ¡El mejor premio al Arte! -dijo el Primer Poeta, con aire triunfante, y tratando de devorar su premio se rompió todos los dientes. La Manzana era una obra de arte.

- Eso demuestra el desprecio de nuestro maestro por el mero Arte -dijo el Segundo Poeta, sonriendo.

Trató de roer su Hueso, pero sus dientes lo atravesaron sin encontrar resistencia. Era un Hueso imaginario.


Ambrose Bierce, Fábulas Fantásticas, 1899.


26.9.09

Smog

Mientras la tarde se endurece, se vuelven piedras los pergaminos que intentan traducirla. Tú miras la carta que te envié pero que nunca escribí. Las sagradas memorias de San Antonio, con sus tentaciones y revelaciones. San Francisco, con pájaros y leones en plena charla amena. Las corrupciones del ex político, que hoy es santo y mañana será fotografía en oficinas con plantas floreadas de plástico, serán el material que hundirá todo nuestro gusto.
No sigas leyendo, que quizás estés más cómoda sabiendo que no hay oro ni diamantes -o sorpresas-, sino perros con dientes postizos y mentalidades etéreas, secándose con sus toallas mientras salen al ring a mostrar el cartelito con el número del asalto.

Esa carta no te la envié yo. No era yo cuando cumpliste año ni tampoco cuando te graduaste. No fui yo quien dije lo que te dijeron que había dicho. Era simplemente otro. No soplé las velas del pastel que ayer hicieron en la panadería.

La carta sí la firmé yo, sólo que no la leí. ¿Eso no vale, o si?

9.7.09

Music quote

Dice De Raviolis: "a la hora y el momento la sangre que entra sale".

Dice Charly: "la vanguardia es así".





Fotografía: Roberto Soto

16.6.09

La metra del fantasma


Ya son mis amigos tus fantasmas. Espíritus burlones con desencadenadas reacciones de alegría. Que me llaman por teléfono, escuchan mi voz y cuelgan. Abren puertas trancadas sin tocar el candado.

Sienten el cariño de mis revelaciones y me piden silencio cuando discuten alterados sobre la matemática de mis días contigo.

Retribuyo al momento canicas convertidas en dulces que se ensucian cuando apuestas la pichihueca le gane.

27.3.09

Las raíces de Brigue

200198


1738


Cuando llegué a esa ciudad comenzaron a nacerme ramas en las manos. Muy delgadas las ramitas y con muchos codos donde quebraban fácilmente. Dolían al quebrarse, sin embargo. Parecían prolongaciones de las venas. Crecían rápidamente. Dolían también al chocar con algo o al doblarse cuando yo caminaba de prisa. Walter Myer me dijo que las ramas más grandes no dolían ni con el viento, ni con los movimientos y que protegían a las más pequeñas. "No es bueno quebrarlas". ¿En qué terminará todo esto? Me comenzaron a salir en las orejas y en la cara. Frágiles, al quebrarlas casi no duelen.

Ando sin camisa para no oprimir las que me salen en el pecho y la espalda. Además ya me dan sombra, de manera que no me hace falta cubrirme.

Uso shorts, pero me los quito para permitir el crecimiento del follaje púbico y sacro. De vez en cuando veo gente más arbolada que yo.

Siento un cosquilleo en los pies. Son raicillas que me nacen. Al caminar las aplasto. Me duele. Sufro. Vuelven a nacer. Menos mal que es vacación. Me gustaría quedarme quieto, no moverme más. Tantos años de agitación, tantos viajes.

Hay que echar raíces, decía mi mamá.




del libro "esa llanura temblorosa..." de Jonuel Brigue. 1998

Fotografía de Jessica Bruah

7.3.09

La contraoferta

Un vaso de agua.
Quiero mojarme el dedo y hacer esos sonidos con el borde del cristal.
Llega la noche y se que puedo sobrevivirla. Sin embargo, el desencanto no me abandona.
Puedo sentirte cerca y también se a qué hora debo ir a buscarte y esperar tu saludo la próxima vez que me consigas por ahí.
Esta sensación es maravillosa. Tu alma en una coctelera.
Saludos a la noche, volando para verte que me alimenta.

16.1.09

Agradecimientos


Estoy cansado de que le des las gracias. Es como acostumbrarse a pedir perdón, ya uno no lo siente. Tus gracias son una fiebre amarilla que se descarga por internet, que se descarga en tu blog y que sigue siendo parte de tu parafernalia mostruosa.

Practicas frente al espejo tu cara de agradecimiento. Maltratas sin embargo al gran Agradecido con tus vicios, mentiras y el tiempo que pasa y las nubes que se dejan de mover cuando tu decides, al fin, respirar aire fresco.

Has abrazado árboles y mareado has visto como el monje se acerca a ti y te ayuda, con el sonido de su vómito, a que tu descargues tus malegrías y desengaños. Tu fétida risa ahora me ahoga en un mar de amor, tu amor es ahora un perdón de esos que me he acostumbrado a pedir, igual que tu, te doy las gracias por siempre escribir, cantar, usar las drogas que usas, dejarte crecer el cabello y nuevamente, no olvidarte de darle siempre las gracias a ella.

20.11.08

Fuego mata miedo

“Que abra la puerta, que la abra”, me decía la doña, pero yo cagado del miedo no quería y la empujaba mientras su gloriosa y estupenda cabeza forzaba la entrada. “Que abra que yo debo estar aquí”, me decía sin mostrar el desespero de la fuerza que aplicaba. Luego dejé que me atravesara y aunque seguía asustado sus brazos, que pronto fueron de fuego, me consolaron pero yo no dejé de temblar.

31.10.08

Domingo de historias


Hace un domingo atrás pude decirte cuánto te quiero. Te extraño tanto y eso lo pensé hace 7 días. Un domingo como hoy, pero el anterior.

Hace dos domingos atrás tenía ganas de besar tus ojos. Me maravillaban las cosas que me contaste habías visto cuando fuiste a la iglesia. Siento que peco y reviento los hilos de la servidumbre que me fue inculcada con letra dorado-educativa cuando era niño.

Tres domingos atrás logré entender aquel poema del sabio. Tu no habías aparecido y yo tenía una vida más tranquila, preocupado sólo en diversificar mis conocimientos, saber de qué iban las letras que en ese libro me atrapaban y me dejaban queriendo conocer a alguna como tu.

Hace cuatro domingos yo no había nacido.

Domingos multiplicados por cinco. Principios de semana que siempre fueron finales y que sólo me hacían reactivar el crédito que tenía con la pared que siempre rayaba en el pasillo, con la llave que escribía tu nombre en el pasamanos del ascensor y la frescura del chirrido prohibido.

Este domingo fui a la iglesia y comulgué. Te vi en la cara de la señora que sostenía la bandejita para los babosos y recordé tu falda blanca en el traje del monaguillo que se quedaba dormido en el salmo responsorial.

Tal vez nunca habrás vivido este domingo como yo. Quizás siempre duermes los domingos. Ojala y esa sea la mejor decisión.

9.10.08

Persecución

Voy a tratar de que me digas el interés que tienen esas horas que me persiguen. Creo que en los minutos he visto que los cuatro cuartos de hora se han hablado y han reservado sus misterios pero yo he leído sus labios, han dicho que quieren tener un secreto y que quizás yo tengo uno y que, sea el que sea, me lo arrebatarán para hacerlo público. Pero aún no entiendo por qué me persiguen, por qué se molestan en venir tras de mí, si mi secreto igual no les servirá de nada, ellos lo saben, ellos fueron testigos del instante en el que el secreto ocurrió y fue público por escasos minutos.

Porque el tiempo ha pasado y yo sólo he sabido ocultarme. Vivir pasiones. Muchas expuestas y otras más ocultas. He disfrutado, sin embargo, de los brazos que me rodean y de las sonrisas que me embargan. Con eso he tenido y ahora revelo el misterio, no el mío pero sí el de las horas que me persiguen.

Las imágenes en las letras de Jonuel Brigue

O2 1 6 4 8


Ensayo la escritura total. El que escribe circunscribe, traza un círculo para acotar lo que quiere decir, excluyendo lo no pertinente. Teme perder la coherencia facilitada por el límite. Pero yo quiero borrar fronteras, dar paso a todo el que se presente, a todo lo que se presente. Correr el riesgo del sin-sentido y el disparate. Que se mezclen cosas heterogéneas, que no se siga ninguna línea de acción dominadora, que si alguna coherencia hay, no sea producida por mí, fabricada, elaborada, sino actuante en el fondo de mí y de las cosas. Desdeño el orden superficial construido, quiero encontrar el orden real, la ley de Dios. Espero que se transparente, que brille en el caos y le dé sentido. No sea yo quien la obscurezca para mí mismo con leyecitas artificiales.


Jonuel Brigue - Diario de Saorge - 1996

2.6.08

Los caminos del amigo

Voy y le pregunto al querido amigo qué ha pensado cuando ha dicho estas cosas, cuando ha dejado de imaginar cómo todas las papeletas borrachas, nacidas en la industrialización de su cabeza, han llegado hasta mi puerta. Papeletas premiadas.


En tu industria, que se enaltece de reciclar, muy pocos son los que reciclan. Se jacta de contar con la flotilla de hippies más educados por las calles, en las concentraciones y conciertos. Pero todo queda en el papel.


Tu compañía pierde el rumbo y tú lo puedes ver pero no lo puedes enfrentar. Sólo se te ocurre interrumpir conversaciones con un poco más de tu teórico vapor. Sin invitación en estas fiestas, sin saludos para los nuevos bailes, sin respeto por los nuevos protagonistas. Y no te das cuenta de que todos ya pueden ver el dinosaurio en el que te has convertido.


Y vas caminando, intentando demolerlo todo, como en los días de tu pasado, pero en la época de hoy todo es más quieto, nadie salta de sus asientos para matizar con violencia conversaciones que no has escuchado siquiera.




Ilustración: Nick Dewar

25.5.08

La importancia de Jacobo

El viejo comenzó a recordar el día que le tocó escuchar esos sonidos. No había apuro y todos tenían idea de lo que ocurría ahí.

Es fácil inducirte en esta historia.

El señor ha necesitado querer entender por qué las cosas ocurren, por qué siempre producimos nosotros mismos las desgracias, los pequeños Pequods de nuestra inocencia. Esas pasiones desesperadas, inanimadas, enormes sinvergüenzas del anonimato. Con sus mensajes histriónicos, todo el acto que siempre pudo ser mejor.

Jacobo es más importante.

Nadie, al final de la existencia puede conocer acerca de la necesidad de ser un gran Jacobo. ¿Quién termina siendo un Jacobo con todos esos sonidos, bailes falsos, insinuaciones junto a la ventana que terminan de levantarse mientras terminamos manteniendo esta viciosa fe?

Cuando terminamos queriendo involucrarnos en otras historias, entonces sucede lo peor. Yo te vi, asesinando mi célebre partida, mi deslumbrada escena.

Tú, ensuciándolo todo.

Podemos imaginar varias versiones del día de hoy. He terminado viviendo en una tierra extranjera con filarmónicas que me aseguran que sólo yo soy este que me piden ser. Algo que ni yo he pedido ni he disfrutado, algo tan flagrante como ese bugalú 3000. Una esencia intravenosa, ese baile que me diste.

Necesito ver.

Tendríamos estos escaparates llenos de gente, las botellas, de aceites amenazando el piso, malinterpretando el ambiente, indiscriminándo el popular género.

Una tarde de jabón estuve lleno de espumas, de la cascada que me atravesaba. Que yo todavía creo en esto y te veo mandándome el agua encima, bajo una desinformada influencia, pero elegida por mí al fin.

Yo les he pedido poco. Siempre fui un gabinete sin gaveta. Me da pena decírselos al Alto Mando.
Sin embargo he acordado con mandos medios a desistir de la idea de la República. No desistamos del poder que hemos hecho nacer y que seguiremos engendrando en el futuro.

Así lo tengamos que parir nosotros mismos.

¿Y a quién estás haciendo que te esperen?

Todo el mundo quiere olvidar.

La guitarra eléctrica desvía el atractivo de la noche al sonido del coito. Un acabose.

Ahora soy yo quien me quiero ir. Desastres que no me imagino y sigo siendo cualquier otro alrededor de ti. No soy otro alrededor de ti. Para ser lo poco. Menos que nada. Menos que lo que quisiera ser, lo que quisiera estar cantando. Pequeñas dosis del adiós temporal. Un vicio suave. Y tu todo lo dices, todo lo repites.

J.G. Entretelones de habitación

25.4.08

Sesión en La Celina


¿Y hasta dónde podremos llegar?
Hemos tenido sueños tan imposibles que lo posible comienza a reír, a veces llora de la risa y se ahoga en la tristeza de lo que no merece.
No merece normas ni supone reglas, transgrede en sus acciones y vive del desastre que deja detrás. Puede creerse sabio o necesario porque es lo único "posible", entonces se hace inflexible, se arrepiente y vuelve a buscarme, a querer que yo lo entienda, que incluso lo disfrute. Comienzo a ponerme nervioso, veo esa realidad y me deshago en halagos que admiran una belleza prestada de la cotidianidad, de lo real amargo.
Hay realidades, varias. Viven de las discusiones que generan este desastre.

Dos hombres salen fuera del bar a ver si el camión que cruzaba la esquina no aporrea sus carros. Adentro, dos mujeres sentadas en la mesa a un lado, rompen el silencio cuando llegan el resto de sus amigas, piden una ronda de cervezas y saludan con una sonrisa la satisfacción del primer trago.
Los hombres entran y se sientan junto a otros amigos, se distraen hablando de fútbol, "tu sabes que Zidane tiene descendencia palestina y el... ¿Materazzi es que se llama? le dijo "terrorista"... Zidane no dice nada porque él sabe que pueden venir de Palestina y lo joden al italiano, ese y que es un sucio...", de Chávez: "él lo que quiere es que le den el Nóbel de la paz, ay si por ayudar a todos los pobres, bonita verga..."
La mezcolanza de botellas en la mesa de las mujeres reclama kilos menos en esos cuerpos treinteañeros, casi todas menos la de más edad toman light. La más bonita pero la que más habla tiene el cabello negro, largo y brillante. Ahora se lo recoge y sostiene con una amarra, de vez en cuando muerde sus uñas como probando si están lo suficientemente maduras para comerlas o picarlas, habla de viajes, de Maracaibo, de Margarita, coloca sus codos sobre la mesa.
Ellos: "Que no sabemos si Dios era negro o blanco... Juan Pablo II era el que más o menos tenía la duda, porque ese ha sido el único que ha ido a Africa", "Si, es el mejor, desde que yo conozco de Papas ese tipo ha sido el mejor", esto lo dice el señor que parece de más edad en la mesa, cabellos y bigotes canosos, gordo, con camisa azul (todos los demás tienen blancas). Es el único que bebe de botella negra, no alza la voz pero mueve mucho los brazos, gestualiza cada palabra y hace unos minutos mostró su mejor acto cuando discutía con uno que atendió el celular y luego se excusó y se largó prometiendo volver, los demás no se confiaron y le pidieron el dinero, él aseguró su promesa, ellos no lo vieron más y lo dejaron ir, el de los canosos bigotes, luego de la estafa se quedó en silencio viéndolos a los demás quienes no mostraban preocupación.
La mujer de cabello negro prende un cigarro, habla de alguien que está demacrado y con el dedo estira su mejilla y usa una mirada de pena y lástima.
Uno de ellos, mientras revisa su teléfono celular dice sin ver a quienes le escuchan: "¿Tú no ves en Conan que cada quien tenía un dios?"
Nada cambia, las ideas siguen siendo las mismas y la realidad no varía.

SIEMPRE TENGO UN TRAJIN POR FINALIZAR LAS COSAS

La realidad no se hace difícil de diferenciar pero es desastrosa cuando pretende imponerse y dejar a sus hermanas REALIDADES a un lado.

19.4.08

Perro en la ciudad



El sonido de la ciudad es incoherente, casi siempre vuelve a mostrarse como cíclico sobre los recuerdos y temores de todos los oídos que están cerca.
Un indigente revisaba un bote gigante de basura frente al taller y lograba rescatar un CPU de una computadora, lo abría, calculaba cuánto podía costar lo que tuviese adentro o al menos si eso le gustaría al Juancho y cuántas bolsitas de piedra le daría. El mono que lo vestía de la cintura hacia abajo estaba roto en su entrepierna y sus zapatos ya no mostraban suelas.
Una ambulancia pasó frente a él, UIIUUIIIUUIIIUUUIIIUUU sonaba la sirena, el indigente se escondió, cada vez más lejos la ambulancia, cada vez más lejos el sonido. De pronto escucho muy cerca a un perro ladrando, ya su ladrido no es normal. El perro gemía la sirena con su grueso ladrido y luego su suave lamento, en las partes agudas del canto se notaba lo tatuado en el cerebro que tenía el sonido de la ciudad.
Si algún sonido tiene esa ciudad es ese: un perro grande, triste y amarrado que imita a las sirenas de las ambulancias mientras yo sólo paso por ahí.